El final del verano

Buenos días, Princesa:

Mientras sigues durmiendo plácidamente iré a contemplar el amanecer sobre la Alhambra desde la terraza del Hotel. Sé que me dijiste que te despertará ya que querías venir conmigo, pero el hacerlo me pareció tan cruel como el arrancar una amapola de un campo al resurgir de la primavera. Eso sí, me quedé durante un rato contemplándote viendo lo bello que sonreías mientras dormías y yo me preparaba un té en la kettle de la habitación.

¿Quién me iba a decir a mi que pasaríamos juntos este final del verano y máxime en una ciudad tan soñada por los dos como Granada? La que iba a ser una tarde más sin nada en especial, tú la convertiste en la mejor de las tardes. Tan solo han pasado dos meses desde que te conocí, pero me han bastado para saber que no podías alejarte de mi vida.

Me asomo a la ventana de la habitación 406 y contemplo que aún es de noche. Sobre la mesita aún quedan algunas gominolas y el minicava ya vacío que el equipo del hotel preparó con tanto cariño, así como un cartel informando de quién preparó nuestra habitación.

Antes de salir por la puerta, te tapo un poco para que no pierdas ese calor que ambos compartimos la pasada madrugada cuando nuestros labios comenzaron a juntarse en aquella maravillosa terraza, mientras las estrellas del firmamento granadino eran testigo de excepción de nuestros arrumacos que mas tarde quedarían cubiertos de pasión entre estas cuatro paredes.

Te esperaré en la sala de desayunos con una flor fresca sobre la mesa y con ganas de compartir ese desayuno tan rico con esas vistas privilegiadas que solo Granada puede ofrecer.

Un beso de buenos días. Para mi no es un día triste aunque acabe el verano, quizás porque tú serás el sol que alumbre cada uno de los días de mi vida y cerca de ti jamás sentiré frio.

Escrito por Rafa Figueredo, Room Mate Leo, Fotografías: Sergio Luque López

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *