La vida en 2017

Seguro que muchos tenéis una agenda de navidad que recoge, detallada y minuciosamente, todas vuestras actividades, compromisos y citas. Es posible que incluso os dé vértigo. Y no me refiero al que causan las alturas, sino a esa nerviosa ansiedad fruto de una mezcla explosiva de emociones: incertidumbre, nostalgia, ilusión, miedo…

 Ya hace semanas que tuvo lugar el pistoletazo de salida para las celebraciones: las navidades inundaron las calles de nuestras ciudades con ese derroche de luces de colores, escaparates llamativos y gente que corre de forma apresurada de un comercio a otro.

Yo soy una de ellos.

ciudad en navidad

Este año he decidido que mi hogar rezume esa pueril ternura ilusionante que atribuimos a esta época. Yo me pregunto: ¿en qué momento las navidades dejaron de ser mágicas para mí? No lo recuerdo, pero no quiero entrar en 2017 de otro modo que no sea celebrando la Navidad. Desembalo los adornos imposibles que tengo guardados en el trastero; algunos estaban debajo de la cama (mi trastero es pequeño y lo comparto con 2 vecinos). Al tener estos objetos entre mis manos, me siento invadida por el espíritu navideño… Bueno, casi. No del todo, así que decido hacer sonar algún villancico. Siempre me animan y me emocionan (yo soy de lágrima fácil).

 Y así, mientras los peces en el río siguen bebiendo, los días pasan… y ya estamos en Nochebuena.  ¿O es Nochevieja?

 Estoy sentada a una mesa repleta de manjares preparados con todo mi esmero y el de mis cómplices; esos familiares que hace meses que no veo, pero a los que aprecio. Honestamente, los estimo tanto como para querer compartir cada año estos últimos días de diciembre.

cena de navidad

 Sin embargo, a veces desearía estar lejos: no demasiado, pero sí lo suficiente para no estar aquí, con ellos otra vez. Pienso en Nueva York, ¿cómo debe ser allí la Navidad? ¿Y el Fin de año? Me imagino a mí misma rodeada de artistas callejeros en el Time Square, saboreando un perrito caliente en una buena y desconocida compañía. ¿Y por qué Nueva York? Podría ser Ciudad de México, Miami, Estambul, Florencia, Milán, Amsterdam …. Sí, podría ser…

 Un crujido me saca de mis ensoñaciones: es mi suegra peleando con la pata del centollo. Es una valiente: no procede de ninguna ciudad con mar y el marisco le resulta hostil. ¡Pero ella pone empeño!  Mi padre se ha venido arriba, no sé en qué momento ha sucedido pero ya no puedo detenerle: interpreta una melodía ininteligible acompañado por una cuchara que desliza arriba y abajo, a modo de instrumento, sobre el relieve de una botella de anís.  Es un artistazo; para mí lo es. Porque a pesar de su afonía crónica y de su nulidad para la música, él le pone corazón.

 Ahora pienso en mis deseos para este año: quiero hacer que sean proyectos, darles forma. Quiero planificar mis viajes, alojarme en bonitos hoteles, descubrir la desnudez de las ciudades que sueño conocer. También quiero seguir escribiendo y seguir aprendiendo de todo lo que me pasa.

  Y es llegado a este punto cuando me doy cuenta de que cada minuto es una oportunidad y un regalo: cada uno de estos estrambóticos momentos rodeada de las personas que me importan (quizá unas más que otras) ha de tener un efecto en mí. ¿Y no es esto la vida? ¿Hay entonces vida en todo lo que nos rodea? Sí, claro que la hay.

 Sólo que a veces, tontamente, la miramos pasar, en vez de dejar que pase a través de nosotros.

 A 2017, un año lleno de vida, amigos.

feliz 2017

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